viernes, 30 de diciembre de 2011

GOLDIE

A pesar del frio no perdía el paso de John Wayne; iba directamente hacia mi objetivo. No sabia si ese espulgado a conciencia de todas las varas y cocos hacia que no perdiera el paso. O si por el contrario, ese churro tan excelsamente espulgado y ponchado con la pericia de un liador habanero, hacia que caminara como un vil pendejo descoordinado, y la calidad del material hacia que no lo notara. Fuera cual fuere el motivo, con mi real o alucinada seguridad seguí caminando.
Abrí las dos puertas de una patada, no recordaba tener tanta elasticidad. Las puertas batientes por poco me golpean la cara al regresar. Pero Goldie estaba ahí. ¿Goldie? ¿Quien madres le puso ese apodo? ¿Otra rubia como ella? Es obvio que es apodo. El incidente con las puertas hizo reír a los imbéciles que estaban ahí, dándome los segundos necesarios para escanear con debido detalle a mi damisela en apuros. Tenía puestas unas zapatillas color de rosa, con unos tacones tan altos y puntiagudos que fácilmente las podría usar para atravesarte el corazón. Unas pantorrillas macizas, fuertes: y que no desentonaban con unas monumentales piernas y el trastero más glorioso de la historia de la humanidad. Su cintura parecía desaparecer a los costados y donde la espalda comenzaba a tener su decente nombre; justo ahí se abría su corto y entallado vestido de satín negro, dejando al descubierto su espalda y los suaves y firmes brazos con los que se traba a de librar del gañan que la tenia cautiva y que traba de tocarle sus perfectos senos.
El lugar era estrecho, como un estrecho y mal oliente agujero de rata. Solo había poco más de metro y medio entre la sucia y apolillada barra y la pared llena de grafitis y escupitajos, al terminar la barra había un espacio algo más grande donde el enorme y sucio gañan intentaba manosear a Goldie, dios, odiaba ese nombre tanto como amaba su trasero y sus ojos grandes y brillantes como obsidianas. Las mesas y las sillas apenas dejaban espacio para pasar, el techo estaba lleno de cds colgando que tenían estúpidas calcomanías o mensajes escritos a mano, también colgaban algunos peluches y viejos posters de futbol. Parecía el techo de una peluquería de ancianos gay, pero el mohoso y sucio mobiliario, los olores, agrio, orines y marihuana te dejaba bien claro donde estabas.
El primero de mis oponentes hizo su movimiento, muy predecible, incline mi cabeza para estrellar en mi frente en su nariz, la que ya iba sangrando cuando estampe su cráneo en la pared; el segundo tomo una botella y dio una zancada para avanzar hacia a mi, patié el banco de la barra hacia sus pies, la fuerza de la caída se complemento con la de mi pie en su cara de sucia rana, su gorra de rastafari salió volando a la altura de mi cara, la hubiera conservado de no haber estado tan mugrosa.
Ya estaba casi al final de la barra, tome una caguama, la iba a quebrar para librar a mi rubia beldad de su grotesco captor cuando este simplemente la soltó. La tome de la muñeca, dimos unos pasos atrás, tome la chamarra del tipo que con el que añadí mas ADN a la pared, sin perder de vista al imbécil que nos miraba con ódio al fondo del bar, cubrí a Goldie con ella y salimos corriendo de ahí. El barman, todo el tiempo, no hizo mas que secar vasos como si nada pasara.
CONTINUARA MUY PRONTO

martes, 31 de agosto de 2010

I BACK

HACE TIEMPO QUE NO ESCRIBO, PERO LES PROMETO ALGO NUEVO MUY PRONTO, ESTEN PENDIENTES

miércoles, 15 de octubre de 2008

MÚSICA INMORAL

¡Chale, pinche frio! Y todavía no llego. Esta de la chingada salir así nomás, de putazo a este frío tan culero. Pinches cuicos, llegan a clausurar y vamos todos pa´ fuera, valiéndoles madre. ¡Como estuviéramos! ¡Va parejo! Pinches borrachos, bien alcoholes les vale madre el frio. Pero pobres viejas. Se veían chistosas apretando los dientes, porque eso si, la lycra no quita el frio ni a mentadas de madre, y más esos pinches vestiditos que parece que se los guardan en el monedero.
Pinche Placa pasada de chorizo; no les dieron chance ni de vestirse, ojetes. Me caga tener que venir a pincel con este puto frio; ni modo que dejara a la Marlene irse así nomás. Pobre de mí jaina, se hizo un chingo de fichas, pero valió madre, ni tiempo les dieron de cobrar. Ojala le haya alcanzado lo que le di pal taxi. El pedo es que va a decir cuando llegue a su chante vestida así, ni su ropa pudo sacar.
Cabrón, siento como si me cortaran las yemas de los dedos con tijeras. Por eso siempre me descaliento un rato dentro bar antes de largarme; esta cabrón salir al frio de madrazo después te haber tocado toda la noche. Lo bueno que ya mero llego a mi chante.
Chido, por fin llegue. Vamos pa’ dentro y a jetiar.
Pinche ruco vale pa’ madre. No pudo ni pintar la pendeja puerta. Ni una pinche lijadita para que no astille. Ni modo, me tendré que dar mañana mi hornazo, si no la pinto se pudre la madera.
Me duele todo el cuerpo, como si me hubieran trepado los cuicos y me la hubieran dejado ir a macanazos. ¿Qué hago? Cabrón ¿Qué hago? Hasta el sueño se me fue. Le quisiera parar bien chida su casa a mi jefa. ¿Pero con qué? Y luego ¿Cómo le hago con la flaca? Por lo menos cambie la puerta, la otra ya parecía corcho.
Como tiene la conciencia peor que la mía luego no duerme el viejo ojete. Ojalá no venga a joder. Lo bueno que el pinche tufo a maicena y siete machos lo anuncia desde lejos. Y luego este pinche sillón que ya huele a podrido, esta mas deforme de la nariz de ese cabrón.
Siento como si mi casita se nos fuera a caer, como si los clavos fueran más guangos que las ilusiones. Quisiera que las tablas fueran tabiques, que los hules fueran puertas, que mi jefa tuviera un güey que la ayudara, que sirviera de algo. Pinche ruco bueno para nada.
Neta, no lo quiero oír que me diga:
- ¿Ya llegaste de tocar con tus pinches mariguanos? Búscate un trabajo vago inútil.
¡Güey! Toco en un bar ¡Trabajo! No como tú, pinche ruco mantenido. ¿Bar? Solo el patrón y yo le decimos bar a esa cantinucha. Pinche receta de brujas. Échese en una licuadora unos pelos de sobaco rancio, madera podrida, desinfectante de sanatorio, miados de borracho, vomito y un leve toque de perfume de cincuenta varos. Meto eso en una botellita y lo vendo como: “Las glorias de La Minerva” número cinco. ¿Qué pedo? Ya me malviajo.
Y luego tanto pinche humo de cigarro… ¡Y yo ni fumo!
- ¿Felpas, compa, ya le pusieron hielo seco a esta madre?
- No se banda. Mejor tócale que el patrón se pone roñoso. Güey, dice tu jaina que le toques ya sabes cuál.
- ¿Felpas? Sírveselas rebajadas a la flaca, de bandas.
- No hay pedo, sus clientes están bien briagos, sirve que les meto unas de más en su cuenta y chupamos nosotros también.
- Pues como vas.
Chale, pinches gordas, como se ven con sus vestiditos de lycra que se les trepan a media nalga. Pero eso si, como la goza la banda. ¡Nereidas de a cartoncito de cheve! Y luego:
¡Báaaaaaaailamela suavecita! Mira si nena gózame…
¡Cómo va! ¡Órale! Veinte varos por rola pal conjunto, cinco varos pa’ la dama… ¡Y agasájese ese bulto de naranjas chinas mi maistro! El albañil de cincuenta kilos con la fichera de noventa, chale; hasta me acuerdo de una película pacheca del miky maus. Estaba bien morrito cuando el difunto me llevo a verla al cine, casi ni me acuerdo.
Mi Marlene es la única que se varil vestida así. Neta que ya no quisiera verla chambear. ¿Pero qué hago? Cabrón ¿Qué hago? Neta que no quiero dejar a mi jefa sola con ese ojete. Se me hace que no la madrea porque yo me lo madreo a él.
¿Y si me traigo a la flaca? Chale, a duras penas cabemos aquí los tres. ¿Y luego su morrito? Pues pior.
¿Neta no se darán color en su casa en que la rola mi jaina? Pinche familita. Empezando por el gañote de mi cuñado. Nomas llega al bar a gorrear la chela con su pinche carita de invitan o suelto la sopa. Y luego la pinche vieja gorrona y quejumbrosa de su madre.
- Ay joven, imagínese usted, yo enferma, – puta vieja larga, sí parece toro – las medicinas salen muy caras, y luego el bebe que necesita tantas cosas. ¿En qué trabaja usted joven?
Pobre de mí flaca, se le abrieron los ojos como si la saliva se le hubiera vuelto una piedra bien choncha.
- Toco en fiestas con un conjunto señora – Me le quedo viendo a mi flaca como diciéndole: “no aprietes”.
- Si mamá, lo conocí en unos quince años.
Mi suegro si es banda. Ni se mete, y si habla siempre es en buen pedo.
- Muchacho ¿Sabes hacer de comer? Porque esta mujer, el día que quiso hacer arroz apesto a ajo toda la casa.
Y pensé: Uta… ni pedo, tragare como japonés.
¡Madres! Maicena y siete machos.
- Vino a buscarte la niña esa bonita, la que se viste como en velorio, la del cochecito gris. ¿No se qué le ve a un pinche vago como tú?
¡Que te pele este! ¡A al verga ruco! Neta que no te pelo, ni te contesto, pero búscame… En buen pedo Chucho, neta que te lo pido con fé, no dejes que este vato mierda me encuentre, si me colma el plato nomas voy inquietar a mi pobre jefa.
¡Güey!… neta, la Morgana. Chale, si me pasaría ir a tocar con ellos a México. Pero… ¿La chamba? ¿Mi jefa? ¿La flaca? También la banda ya me castra. Me joden los pendejos que me tiran mierda en las tocadas; y todo por mi chamba en la cantina. Cabrón, soy metalero pero tengo que tragar, tengo que ayudar a mi jefa.
Ya se fue ese güey, que chido. Hoy no tuvo muchas ganas de chingar. Ahora si me clavo a mi cuarto. Pinche hule feo, si me traigo a mi Marlene si lo cambio por una puerta; de triplay, aunque no sea maciza. ¿Lo qué no sé es como le haremos pal ruido de al cogedera? ¡Neta!
Tengo más cansancio que sueño. Mi cerebro anda en quinta, como carro del año, y mi cuerpo anda en segunda de carro jodido. ¿Qué hago? Lo bueno que los cuicos no me bajaron mi discman. ¿Qué hago? Cabrón ¿Qué hago?
Puedes tomar un avión,
nave espacial o camión.
Puedes ver mucha televisión
para escaparte de aquí
mas por muy lejos que tu vallas,
nunca podrás escapar de ti
zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz
(Fragmento de la canción
“Puedes”, de Rockdrigo
Gonzales)

MALDITA HOJA EN BLANCO

- ¿Bueno?
- Hola maese Gerardo ¿Cómo estamos?
- Ah, Frank ¿Cómo estás?
- Esperando tu cuento compadre, pensé que lo tendría hoy en mi escritorio.
- Tienes razón, perdóname se me fue el avión.
- No chingues amigo, acuérdate, estas bajo contrato.
- No te preocupes, yo te lo mando a tu mail lo más pronto posible
- Tenía que ser hoy, pero no hay problema, si mañana lo tengo al abrir mi correo lo paso como este y ya la hicimos
- Si, te lo agradecería.
- Compadre, quisiste suplir a una leyenda. Vas a tener un pedo si tenemos que sacar una contra portada sin tu cuento.
- Ok, ok, mañana tienes el cuento en tu mail.
- Eso espero compadre.
- Ok, bye.

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- Dios mío, no me sale nada de la maldita cabeza… ¡Demonios!
- ¡¿Bueno?!
- Hola, soy yo ¿Cómo estás?
- Ah… perdón, supongo que bien. Tengo que entregar cinco mugrosas cuartillas para mañana y nada se me ocurre. Bueno, dime. ¿Qué paso? ¿Cómo estás?
- Pues tú di. Nuestra hija le rompió la nariz a un niño.
- ¡¿Qué hizo qué?¡
- Lo que oíste. En la escuela. Un niño se burlo de ella por tener dos mamás… ¡Y deberías haber oído a tu hijita! Se paro como le enseño su papá y le dijo al niño: “no tengo dos mamás, tengo tres, y un papá que me enseño a boxear. Y le sorraje un jab en su mera narizota”. ¿Un jab? Gerardo, bonitas cosas le enseñas a tu hija.
- ¡Mocoso idiota! Estuvo bien.
- ¡Por Dios! ¡Si con razón tú y la otra mensa se llevan tan bien! Aquí estaba hace rato feliz y preguntándole a Jimena como le pego al chamaco. ¡Cómo si fuera juego! Tanto que críticas a tu familia por peleoneros y mírate, enseñándole a boxear a la niña.
- Bueno, tiene que defenderse
- ¿Ha sí? Pues el director quiere vernos a los dos.
- Ay Lorena…
- ¿Ay Lorena? ¿Ay qué? ¿Solo eso vas a decir?
- ¿Que no sabe el director que…? Digo ¿No sabe?
- Sí sabe, el problema no es “ese”, pero me dijo que no piensa admitirla si no hablamos los dos con él. “Los dos” ¿Por qué? No me preguntes.
- Es que… no sabes cómo tengo de trabajo. Ni siquiera es tanto pero… ¿Cómo voy a ir hasta Jalapa a ver al director por una bronca de escuincles? Tengo que preparar exámenes. ¡Dios! Y luego este asunto de la chica que va embarazada a clases. Hay un grupo de madres a favor, otro en contra… es un desmadre la escuela.
- Pues la niña no entra a clases hasta que “los dos” hablemos con el director. En fin. ¿Cómo esta Paulina?
- Está bien. Les mandaba saludos a las tres.
- Dile que a ver qué día nos echamos una platicadita como la de la otra vez. Por cierto, dile a Paulina que la niña también le manda saludos.
- Yo le digo. Ahorita no está. Anda con lo de la grilla de su sindicato. Y para colmo el líder de la contraparte es su ex. Por cierto, salúdame a Nayeli.
- Cuando regrese. Se fue al súper con la niña.
- Ok… bueno. Veré como hacerle para faltar el viernes e ir a Jalapa. El viernes seguro voy.
- Está bien. Te esperamos. A Jimenita y a Nayeli les dará gusto verte.
- ¿A ti no?
- Sabes que si. Después de todo has sido un buen padre.
- Y tu una buena madre. No les digas que voy. Para que sea sorpresa. Bueno, nos vemos, cuídate mucho.
- Ok, tu también… adiós.
- Está bien, … adiós.
- ¡Demonios! Maldita hoja en blanco. ¡Como la detesto!

domingo, 12 de octubre de 2008

4 X 4

En fin, tengo que hacer un monólogo, y cosa rara en la profesora de la materia, sus indicaciones lo ponen a uno a parir cuates: “Efraín (arrastrando la i con un tonito de nómbrame a la autora de mis días), el monólogo debe ser entretenido, y sin groserías.”
Aja si, como no, que fácil entretener a la bola de gañanes y fresas nacas de mi salón sin decir palabrotas. Los debería de ver en la cantina de doña pelos, bola de hipócritas. Además, no soy cirquero para entretener a nadie. ¡Uy, si, qué fácil es entretener! Como decía el viejo Fekete: “El que quiera entretenerse que se valla al circo.” Pero no soy el entrenador de un equipo mediocre que tiene un pie en la segunda división; solo soy un sufrido alumno que debe entregar una tarea.
Ni modo, por lo menos espero no pasarme por debajo de cierto monumento francés a la real academia.
¡Hetaira madre! No se me ocurre nada. Me hacen falta unas chelas, unas rolas y mi gorda. Neta como la quiero, pero me saca de onda a veces.
Dado que mi gorda anda medio lejos, y solo tengo una guama y mi Mp3, ya sé de qué hablaré.
Como recuerdo esa ocasión, un día que según lleve a mi vieja a sacar copias. Ese día ocurrió una de mis más vívidas e interiorizadas experiencias con la música.
Mi gorda estaba conmigo, en mi casa; teníamos planes de salir a perder el tiempo. De repente, mi "pior es nada" recuerda que tiene que hacer un trabajo y me pide la lleve a sacar copias, lo que no me pareció es tener que pasar por su amiga con la que estaba haciendo el trabajo, ya ni flatulencia.
Que trafico tan molesto hay a esa hora en pleno centro. Me estacione enfrente de una papelería, mi novia y su amiga descienden del auto y entran al mencionado negocio. Hay mucha gente esperando por copias y otras cosas.
Me estaba chocando de esperar, así que decidí poner música o las noticias; el mugre stereo de mi nave ya está pa’ la basura, pero el radio agarra dos dos.
De repente, de quien sabe dónde, llegaron mi mis odios algunas de las notas mas padres que he escuchado. ¿Qué es eso? Me pregunté ¿Qué es esa música? El stereo no es. ¿De donde vienen esas notas tan bellas, firmes, melodiosas, que me hipnotizan al deslizarse del saxofón a mis oídos?
El calor, el ocio, padre de todas las pachequeses, el humo de tanto camión guajoloteroo, etc., funcionaron mejor que un toque bien ponchado de la mejor hierba, y sin cocos
¡Hay mamita linda! ¡Danzón dedicado a mí mismo, y a las latas de refresco, cerveza, periódicos viejos, polvo y mochilas que me acompañan! Que limpio esta mi carro verdad de Dios.
¿De donde demonios viene esa música? ¿Quién es el tipo o la tipa que toca tan bien? Me siento como la niña del exorcista tratando de saber de donde viene esa música, y no puedo bajarme aquí del carro porque un mendigo guajolotero me deja como calcomanía.
Es increíble como, a través del humo, el ruido de carcachas y de la gente, la música sigue adentrándose en mí subiéndome chido al avión. ¡Agarrate mi reina que te voy ha hacer como trompo arriba de un ladrillo y me va a sobrar espacio!
Así mi niña, suavecito. Viene el primer descanso que las damas saquen sus abanicos y los caballeros su peine de carey. Viene el segundo tiempo, mas movidón, cadencioso, intenso, sensual, ca...ramba, que bien toca este güey, quien quiera que sea.
Mi avión se eleva más y más mientras tarareo la melodía con los ojos cerrados, sintiendo como la música me invade, como bulle dentro de mi cuerpo y mente. Y de repente parece que los gritos, motores, silbidos, todos los ruidos de la calle marcan el compás de 4 x 4 o tararean conmigo “Nereidas”.
En mi viaje puedo ver al “Majarichi”, aquel que nos enseño a viajar a otros planetas sin nave espacial; puedo verlo como le mueve cadenciosamente la cintura a la tehuana que salía en los billetes viejos de cinco pesos (esos que aun decían american bank note company).
En la barra del tugurio que se dibuja en mi mente, “Cantinflas” le rola un cigarro sin filtro a Jim Morrison mientras Ernest Hemingway les sirve unas chelas. Junto a ellos, Albert Einstein reta a Jesus a una partida de cubilete. En las mesas vivos y muertos conviven y combeben entre el humo de cigarros, licor, música, alcohol, sudor y relajo.
Llega el tercer tiempo, explosivo, libre, el del danzón florido, achilangado, de jalón. El punto culminante después de la meseta que fue el segundo descanso, el punto donde se desborda la relación cuasi carnal y simbiótica entre uno mismo y la música.
El relajo sigue en las mesas. “Sor Juana” y “Tongolele”, usando una escoba a manera de tubo, compiten alegremente causando el frenesí del respetable, arriba de una mesa dilucidan quien pone más álgida la libido de la concurrencia con sus movimientos de cadera.
¡Y precisamente ahora! En este momento, cuando el avión donde se monto mi viaje ya le hace una seña obscena al Concord y al trasbordador espacial, mi querida noviecita, mi delicada, graciosa, dulce, y sobretodo inoportuna noviecita, me corta cruelmente el viaje. Su cursi y chillona voz me baja del avión al decirme:
- Ya mi amor, mi amiga se queda aquí, ahora si vamos a donde quieras (y me hace un guiño de ojo como apelando a que mi libido conciba negras intenciones).
La miro, sonrío con una sonrisa que envidarían el mismísimo “Guasón” o “Vincent Prize”, y en lugar de pensar en algún cinco letras pienso:
¿Qué tan lejos quedara el puente de la autopista?